Iglesia de Santo Spirito

Iglesia de Santo Spirito

Piazza di Santo Spirito, 30. (Abre el mapa)

Descripción

La basílica de Santo Spirito es una de las iglesias principales de Florencia y domina la plaza del mismo nombre, en el Oltrarno, la zona al sur del Arno. Por fuera parece casi desnuda, pero por dentro esconde uno de los espacios más armoniosos del Renacimiento.

Fue la última gran obra de Filippo Brunelleschi, que la proyectó y vio abrirse la obra en 1444. Murió dos años después, y sus sucesores no siempre entendieron lo que él tenía en mente.

Lo bello es el interior: las columnas de pietra serena, en fila a lo largo de la nave y por toda la iglesia, dan una sensación de orden y calma. A lo largo del perímetro se abren cuarenta capillas, llenas de obras de arte.

Entre los cuadros, el retablo Nerli de Filippino Lippi muestra también una vista de la Florencia del siglo XV. En la sacristía, en cambio, se conserva el crucifijo de madera de Miguel Ángel, esculpido cuando aún era un muchacho.

En 1492 Miguel Ángel, con diecisiete años, pasaba las noches en este convento estudiando cadáveres. Para agradecérselo a los frailes les dejó ese Cristo de madera, que sigue aquí hoy.

La planta es una cruz latina de tres naves, y la nave central es el doble de ancha que las laterales. Los arcos descansan sobre columnas con capiteles corintios, y la luz entra poco a poco, hasta el altar, bajo la cúpula, que sigue siendo el punto más luminoso.

Brunelleschi habría querido la fachada orientada hacia el Arno, con una plaza sobre el río, y cuatro puertas en lugar de una. Las ideas más radicales se dejaron de lado, y la fachada se quedó sencilla, solo enlucida en el siglo XVIII.

Desde la sacristía se baja al Claustro de los Muertos, llamado así por las muchas lápidas de sus paredes, y de ahí al Claustro Grande de Bartolomeo Ammannati, construido entre 1564 y 1569, con columnas dóricas, de un diseño regular que en Florencia no tiene igual.

El convento de los agustinos era también un centro de estudios. En 1450 la biblioteca contaba con 577 manuscritos: Petrarca estudiaba allí textos raros, y Boccaccio dejó a los frailes su colección de libros. La plaza nació a partir de 1292 para acoger a la multitud de las predicaciones.