Descripción
El Palazzo Davanzati es un palacio del siglo XIV en la via Porta Rossa, en el corazón de Florencia, que alberga el museo de la Casa florentina antigua. Aquí se ve cómo era la vida en la morada de un rico mercader medieval: patio, escaleras, estancias con frescos, dormitorios, baños y cocina.
La fachada es estrecha y alta, con la logia arriba y un gran escudo de los Davanzati. En el frente quedan los hierros en forma de erre, los portaantorchas y los portabanderas, donde se colgaban paños, ropa tendida o jaulas con pajarillos.
El atrio, antaño la logia privada de la familia, tiene el techo con matacanes, aberturas desde las que se podía vigilar a los visitantes y arrojar proyectiles y líquidos hirviendo sobre los agresores. El patio es un enredo de escaleras y balcones, con un pozo privado que llevaba el agua a todas las plantas con poleas: un auténtico lujo para la época.
En la primera planta está la Sala de los Loros, la más célebre, con frescos de finales del siglo XIV que imitan paños y tapices con motivos de loros. En la segunda planta, la habitación de la Castellana de Vergy es la única con frescos de verdad: historias de amor, aventura y muerte tomadas de una leyenda medieval.
Arriba del todo está la cocina, colocada en la última planta para no llenar la casa de humos y para permitir una fuga rápida en caso de incendio. Entre los utensilios hay una artesa, un asador, planchas e instrumentos para hilar.
Lo construyeron a mediados del siglo XIV los Davizzi, ricos mercaderes del arte de Calimala. En 1578 lo compró el historiador Bernardo Davanzati, y su familia permaneció hasta 1838, cuando el último heredero se quitó la vida. Después, la decadencia, hasta un anticuario con una idea genial.
«Todo sucio y oscuro, con las escaleras medio en ruinas». Así describía el palacio Giovanni Papini, que en 1902 había alquilado allí una habitación para fundar con Prezzolini la revista «Il Leonardo».
En 1904 lo compró Elia Volpi, lo restauró durante cinco años y lo amuebló como una casa del siglo XIV: en 1910 lo abrió como museo, y los viajeros venían a copiar su mobiliario para sus villas.
En 1916 Volpi vendió en subasta en Nueva York todos los muebles, con gran provecho, lanzando la moda neorrenacentista en América. El palacio pasó de mano en mano hasta que en 1951 lo compró el Estado; en 1956 abrió como museo.
Imprescindible
• La Sala de los Loros.
• La habitación de la Castellana de Vergy.
• El patio con el pozo.
• La cocina de arriba.
¿Sabías que…?
• En el techo del atrio hay matacanes para golpear a los agresores desde arriba.
• Muchas estancias tenían su propio baño, llamado «agiamento».
La fachada es estrecha y alta, con la logia arriba y un gran escudo de los Davanzati. En el frente quedan los hierros en forma de erre, los portaantorchas y los portabanderas, donde se colgaban paños, ropa tendida o jaulas con pajarillos.
El atrio, antaño la logia privada de la familia, tiene el techo con matacanes, aberturas desde las que se podía vigilar a los visitantes y arrojar proyectiles y líquidos hirviendo sobre los agresores. El patio es un enredo de escaleras y balcones, con un pozo privado que llevaba el agua a todas las plantas con poleas: un auténtico lujo para la época.
En la primera planta está la Sala de los Loros, la más célebre, con frescos de finales del siglo XIV que imitan paños y tapices con motivos de loros. En la segunda planta, la habitación de la Castellana de Vergy es la única con frescos de verdad: historias de amor, aventura y muerte tomadas de una leyenda medieval.
Arriba del todo está la cocina, colocada en la última planta para no llenar la casa de humos y para permitir una fuga rápida en caso de incendio. Entre los utensilios hay una artesa, un asador, planchas e instrumentos para hilar.
Lo construyeron a mediados del siglo XIV los Davizzi, ricos mercaderes del arte de Calimala. En 1578 lo compró el historiador Bernardo Davanzati, y su familia permaneció hasta 1838, cuando el último heredero se quitó la vida. Después, la decadencia, hasta un anticuario con una idea genial.
«Todo sucio y oscuro, con las escaleras medio en ruinas». Así describía el palacio Giovanni Papini, que en 1902 había alquilado allí una habitación para fundar con Prezzolini la revista «Il Leonardo».
En 1904 lo compró Elia Volpi, lo restauró durante cinco años y lo amuebló como una casa del siglo XIV: en 1910 lo abrió como museo, y los viajeros venían a copiar su mobiliario para sus villas.
En 1916 Volpi vendió en subasta en Nueva York todos los muebles, con gran provecho, lanzando la moda neorrenacentista en América. El palacio pasó de mano en mano hasta que en 1951 lo compró el Estado; en 1956 abrió como museo.
Imprescindible
• La Sala de los Loros.
• La habitación de la Castellana de Vergy.
• El patio con el pozo.
• La cocina de arriba.
¿Sabías que…?
• En el techo del atrio hay matacanes para golpear a los agresores desde arriba.
• Muchas estancias tenían su propio baño, llamado «agiamento».